“En el texto moderno, el entretejido de códigos, de referencias, de testimonios aislados, de gestos antológicos, multiplica la línea escrita, no en virtud de una especie de llamada metafísica
sino por el juego de una combinatoria abierta al espacio entero del teatro.”
Roland Barthes
Hoy, aquí y ahora, a inicios del siglo XXI, resulta inevitable, considerar la relación que mantenemos con las nuevas formas de pensar, sentir, ver y comprender el mundo que nos rodea.
La evolución de la sociedad que acompaña a la evolución de las ciencias y la técnica ¿no implica otras maneras de ser? Y, en consecuencia, la mirada sobre el presente y el futuro ¿no
determina, retrospectivamente, una inteligencia y un pensamiento de nuestra historia completamente distintos?
Lo que más me llama la atención de la obra, hoy considerable, de Noël Pasquier, es la sorprendente y singular familiaridad que el artista mantiene con la historia del arte moderno y
contemporáneo y en consecuencia con su arte.
Nacido en 1941, Noël Pasquier no ha perdido el tiempo. Hoy en la madurez de una mirada creativa que ha conseguido llegar a su completo desarrollo y cuya evolución a lo largo de estos
últimos años hay que tener en cuenta si se quiere comprender lo que nos destina su arte, lo que lo caracteriza, si se quiere comprender lo que su obra tiende, en modo singular, a hacernos
descubrir.
En la primavera de 1995, durante una visita a la exposición que el Museo de la Marina dedicaba a Noël Pasquier, me impresionó la amplitud, la multiplicidad y la diversidad de su obra. No
creo que ni uno sólo de todos los visitantes consiguiese realizar el recorrido global de ese considerable conjunto de obras que formaban la exposición. Con esto no quiero decir que los
visitantes, uno por uno, no se hayan sentido sorprendidos, seducidos y fascinados ante tal pintura, tapiz, dibujo o escultura, sino, más bien, lo contrario. Y, sin embargo, lo que definía
cada obra, del gesto creador del conjunto (del todo a la parte), requería un saber y una apertura de espíritu, demasiado vastos, para poder ser aprehendido en el tiempo que dura una visita,
por mucho interés que se preste. Yo le debo enormemente al hecho de que el artista me acompañó en la visita de mi encuentro con su obra para ir aclarándome.
Se podría pensar que es natural que los visitantes se encuentren confusos y perdidos en las exposiciones retrospectivas. Pero hay que visitar el estudio de Noël Pasquier, teniendo en cuenta
la multiplicidad y diversidad de obras que el artista realiza, para comprender que, de forma discreta pero incontestable, esta exposición no se parece a ninguna otra, en la medida en que
tiende a constituir el conjunto de la obra del artista como una “apertura” (Opera aperta) en la creación “in progress” de un vasto estudio de artista. “Estudio” en sentido propio y
figurado, retomando el sentido que la palabra tenía en el Renacimiento, (el Estudio se constituía de la actividad de un maestro, sus alumnos y los ayudantes) pero abriéndolo al conjunto de
la historia del arte moderno en actividad. El Estudio de Noël Pasquier constituye en todo momento su obra, la relación global entre la inspiración y las formas de esta historia.
Incontestablemente, lo que seduce y sorprende del conjunto de la obra de este artista, es la variedad, la amplitud y la diversidad de las formas, del vocabulario formal, que componen su
partitura, el teclado plástico de su determinación artística.
La crítica (Geneviève Breerette en “Le Monde”) ha destacado, generalmente, el movimiento que parece conducir con gran naturalidad el arte de Noël Pasquier de la figuración a la abstracción
y viceversa. Prueba de la soltura con la que considera y trata los movimientos y las posiciones estéticas que han sido durante tanto tiempo, y de forma arbitraria, antagonistas.
Recientemente, se ha puesto de manifiesto su sorprendente, y no exclusivo, parentesco tanto con la Escuela de París como con el Arte informal o Escuela de Nueva York. A lo que habría que
añadirse su capacidad para comprender la espontaneidad y la libertad de la inspiración gestual en la disposición de una organización modular. Y, ¿por qué no?, una inteligencia de las
estructuras geométricas (y esculturales) capaz de asumir la tridimensionalidad de la picturalidad, de la “factura” pictural.
Esto me hace pensar, en particular, a esa obra, Scuplture, pizarra y caliza realizada a principios de 1998. No existe razón alguna que nos impida suponer que la sensibilidad, la sensación y
el sentimiento de la naturaleza que le han inspirado en tantas de sus composiciones plásticas no puedan convertirse, por así decirlo, y ponerse al servicio de las tecnologías más modernas.
El mismo declara que “el artista de nuestro tiempo debe inspirarse tanto de los materiales tradicionales como de la tecnología moderna”.
Así, debemos destacar los elementos propios a la cultura y a la historia del arte moderno y del arte contemporáneo con los que alterna la obra de Noël Pasquier. Pero, en la misma medida,
hay que recordar que su obra no se puede reducir de ningún modo a los diversos movimientos y actitudes que caracterizan esta historia. Y, a mi entender, resulta particularmente importante
subrayar que ésta es la manera en que esta obra se constituye en su contemporaneidad, en su tiempo, en su singularidad.
Considerando los movimientos, las escuelas, y los estilos de los que Noël Pasquier se nutre, sin por ello limitarse a ninguno de ellos, (Figuración, Abstracción, Escuela de París, Arte
infomal, Escuela de Nueva York, etc.) advertimos que, todos ellos, por importantes que sean, e incluso en función de esa misma importancia, tienden a cerrarse sobre sí mismos, de manera más
o menos dogmática. Y, resulta evidente que, para Noël Pasquier “ir con su tiempo” y estar presente, situarse, en el inicio del siglo XXI, es abrir el tiempo a la infinita dimensión de sus
posibilidades, a la variedad infinita de las culturas (nacionales, regionales), de imágenes (próximas y lejanas), de lenguas (familiares y extranjeras), de los mundos (reales, ficticios y
virtuales), que constituyen, de ahora en adelante, de forma planetaria, el universo del tiempo.
Y si tal descripción parece demasiado abstracta y alejada del carácter naturalmente lúdico del arte de este artista, basta con volver la mirada hacia su obra para ver como esta apertura a
las virtualidades de su tiempo se esclarece.
La realización de obras monumentales y, en el mejor sentido de la palabra, decorativas, como el mural de mármol gigante de la Tour Montparnase, los frescos de unos 4000 m2 de Suresnes, la
vasta pintura mural de la estación de TGV- Atlantique de Rennes o ese considerable conjunto de esculturas que ha realizado, son el testimonio de la conciencia eotérica y dinámica del hombre
implicado concretamente en la apertura política del despliegue de su universo, de su urbe. Como, por su parte, la rica y vasta colección de tapices que ha realizado y las pinturas
inspiradas de una experiencia existencial del paisaje litoral, de la frontera entre la tierra y el agua, ponen de manifiesto la presencia de una sensibilidad irritada, pero no menos abierta
de ese mismo hombre, por la vida y la naturaleza cotidianas de los seres y las cosas en su intimidad.
De lo más monumental a lo más familiar, de lo público a lo privado, la obra se despliega en una impresionante y abundante creatividad sirviéndose del teclado de las figuras, las formas,
estilos y materias (materiales). La simpática acogida, de espontánea benevolencia que ofrece sin reservas, a la diversidad del mundos basta, para atraer y provocar la eclosión de cualidades
somnolientas y el poder imaginativo de los materiales y las técnicas que la constituyen, en una apertura mútua.
Así, del todo a la parte (del conjunto de la obra a esta escultura Séquence, pizarra grabada, 22x75 cm, 1998, a esa pintura Les Iles, obra mixta sobre lienzo, 100x100 cm, 1993, al lienzo
Enjeu, 95x143 cm, 1990...), el arte de Noël Pasquier está habitado por la felicidad, una disposición, un encanto que acoge de forma espontánea a todo aquel que esté dispuesto a
acogerlo.
1994.